Tras las fiestas navideñas, tan ricas en encuentros y celebraciones, el mes de enero ‒de momento gratamente nevoso‒ es un tiempo frío y oscuro, que invita al recogimiento y en cierto modo a volcarnos más hacia adentro. Precisamente, “Tierra adentro” fue uno de los nombres que barajamos en su día para este proyecto y fundación. Adentrarse en la tierra, adentrarse en uno mismo…
El jueves anterior a Navidad sustituimos la meditación por un taller de estrellas Waldorf de papel, gracias a la generosidad y arte de Blanca. Siempre es bonito hacer algo bello con las propias manos y disfrutamos tanto del proceso como de los resultados. Poner atención en el doblez correcto, en el ajuste armónico, puede ser una auténtica meditación, por cuanto centra, da paz y nos vuelca en algo más allá de uno mismo. Y si además se hace en un ambiente familiar, de cercanía, mejor que mejor.
La vida a veces sorprende y es bueno dejarse sorprender. Para nosotros fue una sorpresa compartir la Nochevieja ‒cena, campanadas y velada‒ con los miembros del grupo musical ugandés Aba Taano, de gira por España, y algunos vecinos de Cañicosa. No podía faltar Elisabeth, la fundadora y alma de la ONG Música para salvar vidas, que acoge a menores desamparados en un centro educativo en Kampala, donde reciben cobijo físico, calor humano y formación, especialmente musical. De ahí han salido varios grupos de muy alta calidad artística, como los Ugandan Sticks, que ya estuvieron en Cañicosa hace un par de años. Inolvidable el intercambio de villancicos navideños y otras canciones entre los “locales” y los “visitantes”. ¡Siempre seréis bienvenidos!
No menos sorprendentes pero igualmente enriquecedores han sido en estos días navideños los encuentros y celebraciones con nuestros ángeles custodios: Inés, Leonor, Amelia y Hermelinda. ¡Cuánta sabiduría, bondad y empatía encontramos en ellas! Nunca dejaremos de agradecerles la herencia que seguimos recibiendo de ellas.
Otras ocasiones también enriquecedoras son los Encuentros de duelo que están teniendo lugar mensualmente en la Casa Común, animados por nuestra vecina Noemí. No es fácil compartir los duelos ante la pérdida de personas cercanas y he aquí un espacio de libertad y autenticidad que lo facilita. Los duelos no siempre se refieren a personas que se han ido; pueden ser a situaciones, lugares o roles desaparecidos que nos dejan sin referencias. Nos alegra poder ofrecer este lugar y ámbito de encuentro y sanación.
Este mes de enero estrenamos una importante novedad: la contratación, de enero a junio, de una persona como encargado de mantenimiento, gestión de la leña y apoyo en el jardín y huerta, gracias a una subvención a la fundación que cubre parte de los gastos. Vendrá muy bien para muchas reparaciones pendientes en la Casa San Martín y otras labores que nunca faltan. Estamos muy ilusionados y pensamos que puede ser un nuevo salto cualitativo en instalaciones y posibilidades.
Dicen los lugareños que cuando uno se calienta con leña se calienta tres veces: cuando se corta, cuanto se trae y cuando se quema. Y tienen mucha razón. En Tierra Habitada intentamos calentarnos con leña de poda cercana, minimizando en lo posible el gasóleo. Un trabajo que, aunque supone esfuerzo, hacemos con agrado. Esto nos ayuda a hacernos más conscientes y agradecidos de lo que supone caldear las casas y también a hacerlo en su justa medida. Además también nos une a la naturaleza y a nuestros ancestros, a lo que los lugareños han estado haciendo durante generaciones hasta hace no mucho, cuando la leña era la única manera de calentarse.




