Verano, tiempo de relajación y de cosechar con agradecimiento los frutos de la tierra. Así hacemos estos días, dando continuas gracias por todo lo recibido en los últimos meses y recogiendo frutos de sosiego y satisfacción.
Recordamos a los muchos voluntarios internacionales que han pasado por aquí en esta primavera. Además de ayudarnos en las tareas, nos ayudan a ejercitarnos en la convivencia y nos enriquecen culturalmente. Algunos nos dejan emotivos comentarios en las plataformas de contacto (workaway.info y worldpackers.com):
«El entorno natural en el que se desarrolla esta experiencia es simplemente mágico. Rodeado de paisajes que invitan a la paz y la reflexión, cada día se convierte en una oportunidad para conectar con la naturaleza y con uno mismo. Aquí, la espiritualidad fluye de manera natural, a través de la sencillez del estilo de vida, el respeto por el entorno y el profundo sentido de gratitud que se respira en cada actividad. Además, la comunidad es maravillosa: personas amables y generosas que valoran las relaciones humanas armoniosas y el trabajo en equipo. Todo se desarrolla en un ambiente de colaboración, respeto y aprendizaje mutuo.» (Silvana, Colombia)
«Nuestra estadía en Tierra Habitada fue increíble. Pili y José han sido excelentes anfitriones, siempre muy preocupados por nuestro bienestar. Para nosotros ha sido una experiencia inspiradora, ya que al pasar por Tierra Habitada nuestra conciencia ambiental y social se ha visto beneficiada y nos dimos cuenta que con pequeños actos es posible generar cambios.» (Iván y Constanza. Chile)
También recordamos a los colegios de pedagogía Waldorf que, por cuarto año ya, han venido en primavera a convivir, disfrutar del entorno y conocer de primera mano algunos oficios tradicionales. Nos lo cuenta Roberto, uno de sus maestros:
Las Escuelas Waldorf en su tercer año de primaria dedican un tiempo curricular a la época de oficios tradicionales. Ponemos en contacto a los niños con diversos oficios artesanales que hay o hayan existido en las cercanías de la región donde viven, para que puedan percibir de forma directa cuánto esfuerzo humano se halla escondido en cada uno de los objetos que utilizamos, en cada uno de los alimentos que tomamos y en cada una de las prendas de vestir que usamos, para que todo ello le lleve a desarrollar un sentimiento de agradecimiento hacia el Dios creador, hacia la naturaleza y hacia todos los demás seres humanos que han colaborado trabajando con sus manos para nosotros poder disfrutar de tantas cosas que usamos.
Veintiún niños y niñas, con sus dos maestros de la Escuela Waldorf Artabán (Galapagar, Madrid) hemos disfrutado de esta experiencia la última semana de mayo. Llegamos a Cañicosa, con la mochila llena de nervios e ilusión. En este lugar privilegiado rodeado de naturaleza, amor y sabiduría ecológica, disfrutamos de estos cuatro días, tiempo mínimo para asimilar el sentimiento de agradecimiento; en menos tiempo no sería posible esta asimilación en el cuerpo vital de cada niño.
Los oficios artesanales y talleres que pudimos vivenciar durante este tiempo fueron increíbles, pero con lo que nos quedamos e hicimos un hueco en nuestra mochila como gran regalo, fue la cualidad humana, la sensación de comunidad, el amor y respeto por el encuentro humano.
Agradecidos por encima de todo, de corazón a corazón, a todas las personas que fueron mostrando y enseñándonos su sabiduría y alegría de sus diferentes oficios. “No nos queremos ir de Cañicosa” cantaban los niños y niñas de la clase antes del regreso. ¡Profundo agradecimiento por esta vivencia que nunca olvidaremos!
Cerrábamos junio con la entrañable celebración del solsticio, un nutrido encuentro de Espiritualidad, Arte y Compromiso (EAC) y en julio, un grupo de gimnasia Bothmer y un taller con personal de la fundación Spínola y Spínola Solidaria. Ha sido un gusto recibir a tanta buena gente.
Hoy recogíamos los primeros calabacines de la temporada y ya nos hemos podido alimentar de fresas, frambuesas, lechugas, remolachas y guisantes. Nos sentimos muy agradecidos a los voluntarios y tanta gente que ha pasado por aquí y ha hecho posible que podamos nutrirnos de lo que nos ofrece la tierra. Gracias a tantas personas que dejan su estela, que nos ayudan y animan a seguir haciendo de este lugar una Tierra Habitada.
¡Feliz verano para todos y todas!




